Las experiencias crean -la experiencia- (2)

¿Cómo sería nuestro “mundo” de no ser capaces de “sentir ningún sentido”? Sin la vista, sin el olfato, sin tacto, sin audición, sin el sentido del gusto no habría percepción, no sería posible la interpretación, todo sería lo mismo, ausencia. Tocaría el hielo con la misma ausencia que tocaría el fuego. Mi percepción sería una sola, la ausencia de percepción, la ausencia de forma sería lo constante. La ausencia del mundo. Sin sentidos no hay mundo, la existencia de mis sentidos crea el mundo, mi mundo; la vida es la oportunidad de percibir y crear.

 

Los sentidos son puertas de acceso. Conectan nuestro interior con el todo, y el todo lo descubrimos si y solo si estas puertas se pueden abrir. Se nos da la oportunidad de aprender, como dice M. A. Puig “el mar me da la posibilidad de ser marinero”.

 

A través de los sentidos percibimos el mundo, las diversas formas de vida, la luz, los aromas, melodías, la temperatura, las superficies. Forjamos una memoria, aprendemos el placer y el dolor, aprendemos a generar conductas de aproximación o de evitación, unimos lo que está afuera con la sensación que deriva del contacto. Surge el aprendizaje, surge la memoria, se guarda en forma de palabra.

 

El conjunto de experiencias hecho vocablos constituyen el lenguaje. La palabra lenguaje proviene del latín lingua, que a su vez proviene del verbo lingo, que significa lamer (1), el sentido del gusto. Construimos un lenguaje y un reservorio de experiencias, de aprendizajes, elaboramos el pensamiento. Creamos cultura, la transmitimos, agilizamos el proceso de aprendizaje, creamos “creencias” en nosotros y en otros, creamos nuestro mundo.

 

Entra información sensible y la procesamos, como el agua que cae dentro de una vasija. Una vasija que va tomando forma a medida que el agua va cayendo, las experiencias. Con el tiempo se va moldeando. Mi vasija será bella o no, grande o pequeña, frágil o resistente, transparente o densa, porosa y filtrante o tal vez segura. Dicha vasija se va formando por experiencias. Las experiencias son como el viento que inclina el árbol poco a poco, a medida que crece. Los pájaros que habitan en él no se percatan lo torcido o recto que puede estar. Ven “todo” desde allí. Puede ser un lugar que nos muestra lo bello del mundo o las limitaciones y los miedos. Los miedos de nuestra propia esquina.

 

Es así como las experiencias crean “la experiencia”.

 

Terminamos parados en una “esquina” desde la cual contemplamos el mundo y re creamos nuestro mundo (volvemos a crearlo interiormente); así como no hay dos personas iguales, tampoco hay dos mundos iguales. Ante un mismo evento las personas hacen despliegue de distintas respuestas. El observador hace a la realidad, la realidad depende del observador.

 

Decimos “esto no tiene sentido” cuando desde nuestra “esquina” no podemos hacer las distinciones con suficiente precisión para captar lo que otro si puede. El darse cuenta.

 

¡Qué importante es el darse cuenta!

 

El filósofo austríaco Ludwig Wittgenstein con gran acierto decía que los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo. Y si el lenguaje crea los límites de nuestro mundo, es a través de él que podemos superarlos. La potencia y el poder de la palabra. La palabra transformadora, la pregunta que nos hace mirar en una o en otra dirección. Crea estados de ánimo. Catalogamos, envolvemos, expresamos, reflexionamos. Las preguntas son las coordenadas de la vida. Dime qué preguntas y te diré qué tan lejos puedes llegar.

 

Te propongo tres preguntas:

 

  • ¿Qué nuevas distinciones podrían enriquecer tu vida?
  • ¿Hacia qué “esquina distinta” podrías moverte de tal forma que tu mundo crezca y se amplíe?
  • ¿Cómo podrías empezar este viaje de redescubrimiento hacia un futuro más rico?

 

En nuestro lenguaje está. Somos seres dúctiles, capaces de transformarse. Me viene a la memoria Víktor Frankl (2) quien dijo, “¿Quién es en realidad el hombre?, es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que inventó las cámaras de gas, pero también es el ser que entró en ellas con paso firme y musitando una oración”.


 

(1) Roque Barcia, “Sinónimos Castellanos”, editorial Sopena Argentina, 1951

(2) Víktor Frankl, “El hombre en busca de sentido”, editorial Herde, 2004.