Cuestionar las creencias es el primer paso para superar los límites.

 

¿Qué creencias acerca de nosotros mismos podrían estar limitándonos? O, ¿Qué nueva forma de pensar podría conducirnos hacia una nueva situación?

En la primera mitad de la década de 1950, se tenía por creencia deportiva e incluso médica que ningún ser humano era capaz de correr una milla, es decir, 1,609 metros; en menos de cuatro minutos. Era un dogma, una creencia incuestionable, y la experiencia de los corredores lo confirmaba. A nadie se le ocurría cuestionar algo que el estudio de la fisiología humana había confirmado. Sin embargo, el 06 de mayo de 1954 ocurrió lo inesperado, algo que desafió las creencias mencionadas; Roger Bannister, un estudiante de medicina de veinticinco años había hecho posible lo imposible, correr la distancia de una milla en tres minutos con cincuenta y nueve segundos y con ello romper una creencia de muchos años. Sin embargo, lo más interesante de esta historia, fue lo que ocurrió después. Seis semanas más tarde, John Landy, un corredor australiano rompió el record del propio Bannister logrando completar la milla en tres minutos con cincuenta y siete segundos. Un año después, 37 corredores lograron la hazaña de Bannister, y en 1956, más de trescientos corredores alcanzaron el mismo resultado.

¿Qué había cambiado? ¿Acaso la forma de entrenamiento o las zapatillas para correr se modificaron en tan corto tiempo?

Pues no, no fue esto lo que cambió. Lo que si cambió fue la creencia acerca de los límites en el mundo del atletismo. Esta creencia llevaba a los corredores a esforzarse solo hasta el límite definido por el molde de dicha creencia. Bastó que una sola persona la desafiara para invitar a los demás a superar sus propios límites.

El coach portugués Joao Catalao nos dice “…las creencias están en el ADN de nuestros pensamientos y comportamientos. Constituyen convicciones profundas que nos empujan a actuar o no actuar de una determinada manera…”, las creencias funcionan como dogmas incuestionables de los cuales no tenemos muchas veces consciencia; nos envuelven, nos contienen; nosotros no tenemos a la creencia, sino que la creencia nos tiene a nosotros.

Jean Cocteau, poeta francés dijo “Lo consiguieron porque no sabían que era imposible”; que frase tan propicia cuando a las creencias nos referimos, tan positiva y llena de aliento, y que importante recorrer algunos caminos con esa “ceguera” ante los límites, es la osadía del que se atreve a navegar en la “zona de dragones”, a cruzar el umbral. Sin embargo, es tarea conjunta del coach y coachee con frecuencia abrazar la situación opuesta, “no lo consigue porque cree que es imposible”. Este es el espacio del desarrollo, de la transformación, de lo inexistente; este es el momento en el que surge el valor del coaching cuando es bien aplicado.

Detectar la creencia limitante es uno de los primeros pasos en el camino de la expansión personal, de ampliar los límites hacia una vida de mayor plenitud personal, profesional, empresarial, o en el área que más sientas el llamado del crecimiento.

Creencias y preguntas poderosas

Te propongo responder tres preguntas a manera de inicio de un proceso de transformación una vez identificada la creencia limitante:

  1. ¿Qué limitaciones se derivan del hecho de poseer esa creencia?
  2. ¿Qué te impide hacer?
  3. ¿Qué es lo peor que podrá suceder en el futuro debido a esa creencia?

Aunque saber que algo es posible no garantiza que todos lo puedan lograr, pues es necesario contar con más recursos que solo saber; el primer paso será creer. Creer invita a imaginar y a buscar estrategias creativas para alcanzar tus objetivos. La conexión entre las creencias, pensamientos y conductas es indudable; la transformación inicia por dentro, encendiendo el fuego interior que todo ser humano sin duda alberga.