Hace unos días conversaba con un buen amigo mío sobre la importancia de superar la frustración, lo “noes” a los que están sometidos los gerentes comerciales, la fuerza de ventas y todo quien presenta y vende ideas, productos o servicios; o quizás a quien tenga en agenda un nuevo proyecto o sea un emprendedor.

Cuando estás agotado física y mentalmente por el esfuerzo. Cuando sientes que quizás ya no vale la pena seguir intentando, cuando estás cansado y crees que la situación no cambiará mucho y que lo siguiente es abandonar, es en este momento cuando más hay que insistir. Estos momentos son inevitables; son parte de la vida y son parte del proceso de tener éxito.

Sea lo que sea que hagas, en lo profesional, en tu emprendimiento o en lo personal estos “bajones” aparecerán y es parte de esta coreografía llamada vida; en donde aprendemos bailando, tropezándonos, o como diría Arthur Schopenhauer “la vida es una función sin ensayo” y por lo tanto será una virtud la tolerancia con el fallo o con la ausencia de aquel resultado esperado.

Si has tenido ocasión de participar en alguna carrera de larga distancia, una maratón por ejemplo, sabrás que llegas al día de la carrera con muchos nervios y expectativas, habrás observado la cara de los demás corredores sintiendo la energía del momento. Inicias con gran expectativa y también incertidumbre, sobre todo si es tu primera maratón. Ya en la carrera las cosas empiezan a cambiar. Surgirá el cansancio, la presión del reloj y de otros corredores que pasarán raudos a tu lado, la sed, el calor, los calambres, la hinchazón de los pies y calor del asfalto atravesando la suela de las zapatillas, y quizás en alguna parte del camino, alguna lesión y dolor. Es claro tu objetivo, terminar la carrera en el tiempo permitido o el tiempo que buscas lograr. Los obstáculos del camino estarán siempre presentes y lo central será gestionarlos, son parte de la carrera e incluso de la posterior satisfacción al recordar los momentos difíciles. Igual ocurre con los otros desafíos de nuestra vida.

¿Cómo te das cuenta de la aparición de la frustración?

Son típicas la sensación de desgano, de irritabilidad, la procrastinación, falta de energía, tristeza, negatividad, pesimismo y desesperanza entre otras sensaciones y emociones que pueden dar lugar a un círculo vicioso de negatividad alimentado por pensamientos limitantes, de miedo, desconfianza y pérdida de fe.

¿Qué hacer para romper con este círculo vicioso de negatividad?

El primer paso es reconocerlo. Hay un pensamiento oriental que dice toda enfermedad conocida ya está medio curada”. El reconocimiento es la clave para realizar acciones o tomar una actitud distinta pese a la dificultad. Se trata de reconocer lo que pasa y entender lo que ha conducido a dicha situación. Este paso es fundamental ya que evitará entre otras cosas empeorar la forma de lidiar contigo mismo cada día, y algo fundamental, la oportunidad de manejar mejor las relaciones con otras personas de tu ámbito familiar y laboral con las que mantienes contacto cada día evitando posibles conflictos.

Un segundo paso muy efectivo es escribir. Jamie Pennebaker, psicólogo de la Universidad de Texas ha demostrado que escribir acerca de las dificultades por un espacio de 15 y 20 minutos contribuye de manera muy importante a reducir la ansiedad, aumentar el estado de felicidad general e incluso mejorar la salud física. Escribir te ayudará a entender el tipo de situaciones que se presentan, y darte cuenta de la perspectiva desde la cual sueles observar y que puede ser fuente de limitación. Esto significa tener oportunidad de cambiar de perspectiva y enfocar de manera provechosa los resultados que se vienen logrando. Desde este nuevo estado emocional podrás gestionar con más claridad aquello que no está funcionando y ser capaz de encontrar salidas creativas.

Finalmente, un tercer elemento consiste en hacer actividades que amplíen  tu entorno. En la práctica profesional del coaching este tercer elemento es algo que observo funciona muy bien como factor de inspiración, creatividad y reconexión con las ilusiones propias. El entorno muchas veces puede actuar como celda que evita nuestro crecimiento. Ejemplos de entornos limitantes pueden ser por ejemplo tener un grupo social sin intereses, un ambiente laboral poco retador o tóxico, permanecer mucho tiempo en una posición laboral que ya no signifique crecimiento para el colaborador. La ampliación del entorno puede ser ocasión de hallar aquellos recursos que puedan favorecer el logro de tus metas, o concretar tus proyectos. Te propongo dar estos tres pasos a partir de ahora cada vez que sientas ganas de abandonar la carrera, y recordar lo que dicen en el argot de las maratones “el dolor es temporal, y  el orgullo es para siempre”, recuerda que los triunfadores son personas ordinarias con una determinación extraordinaria.