Pensamientos NegativosAl ser humano le basta imaginarse la infelicidad para ser infeliz (1). Tenemos el potencial para crear el estado de felicidad si es que no la tenemos, pero también, la capacidad para hacer que se esfume si estamos gozando de ella. Bajo esta premisa, la felicidad queda definida como un estado emocional dúctil y sobre el cual tenemos influencia directa.

La felicidad, la meta de metas de Aristóteles, es un estado fértil en positividad, alegría, de visión optimista sobre el futuro, propicia para gozar de relaciones sociales basadas en el afecto, buen humor, creatividad, tolerancia, es decir, un estado mental y emocional propicio para el crecimiento personal y para brindar ayuda y felicidad a otras personas.

La felicidad es contagiosa, como lo demuestran diversos estudios.

Martín Seligman, reconocido psicólogo norteamericano y líder de la Psicología Positiva, destaca que las personas fluctuamos alrededor de un valor fijo de felicidad (2), y que este valor varía según cada ser humano, de manera semejante a lo que ocurre con nuestro peso, así pues, cada uno de nosotros viene a este mundo con una determinada “carga de felicidad”, por lo cual, si experimentamos un evento favorable, como ganar un premio, obtener un ascenso en el trabajo, aprobar el examen final de un curso difícil o quizá ganar la lotería, nuestro nivel felicidad aumentará y permaneceremos boyantes durante un tiempo, pero pronto, volveremos a nuestro nivel “normal”. De la misma forma, ante una situación desfavorable, tarde o temprano nos recuperaremos y volveremos a nuestro nivel. Este comportamiento tiene que ver con el componente genético de la felicidad.

La doctora Sonja Lyubomirsky y su equipo encontraron que los genes explican el 50% de nuestra felicidad, sin embargo, el 40% depende de nuestras actitudes y acciones, y el 10% restante de las circunstancias externas (3). Dicho esto, nuestras actitudes y comportamientos tendrán un efecto substancial en nuestra felicidad, empezando por los pensamientos – ya que son estos los que propician nuestras conductas – y que pueden convertirse en amigos o enemigos que habitan dentro de nosotros, y a los cuales constantemente les damos vida.

¿Has notado que tu mente no se detiene y no se cansa de generar juicios y opiniones sobre todo lo que le rodea e incluyéndote a ti mismo? ¿Y que cada juicio, idea, pensamiento, genera estados emocionales positivos o negativos, motivadores o desalentadores? ¿Has evaluado tu diálogo interno? ¿Cómo te hablas a ti mismo y qué lenguaje empleas? ¿Qué pensamientos están transitando por tu mente para construir tu felicidad? Imagina por un minuto que en tu entorno familiar, en tu centro de trabajo, en tu empresa – si eres emprendedor- con tus vecinos, y en general las personas que te rodean, y por su puesto incluyéndote, pudieran mantener dicho estado de bienestar constantemente? ¿Vale la pena intentarlo? Te invito a que reflexiones sobre ello.

 

 

  • Eduardo Punset, “El viaje a la felicidad, las nuevas claves científicas”, Ediciones Destino 2012, página 93.
  • Martin Seligman, “La auténtica felicidad”, Ediciones B 2011, página 83.
  • Sonja Lyubomirsky, “La ciencia de la felicidad, un método probado para conseguir el bienestar”, Ediciones Urano 2008, página 56