“Te entiendo, pero hay algo en tu forma de hablar que no me gusta, te siento distante, un trato lejano y en cierta forma despectiva” es el pensamiento que discurre por mente y corazón de Laura durante una conversación con su jefa; pero que claro no se lo hace saber; y que me lo comparte en una sesión de coaching.

Situaciones como esta, me llevan a proponer una pregunta simple y vigente, ¿Cuáles son los elementos de una buena comunicación?

Saber qué se va a decir, y si no se sabe, tener la entereza y la humildad de plantear el problema. El líder no tiene por qué saberlo todo. No fingir que se sabe cuando en realidad no es así. Intentar confundir a las personas no es una buena estrategia. El mensaje es inequívoco, el líder se desprestigia. Esto es algo que he visto muchas veces.

El cuerpo siempre hablará alto y fuerte. Muchas veces leo comentarios y post en las redes hablando sobre la importancia del lenguaje corporal sugiriéndonos estar atentos a su gestión como si se nos animara a aparentar por fuera algo que por dentro no tenemos. Esta no es una estrategia sostenible para un líder. No se puede fingir siempre. Permíteme pararme un instante en la orilla del consejero, te digo que lo mejor es trabajar desde y en tu interior, tal como lo planteaba en el artículo el líder lidera primero su interior”; solo así brillarás de manera natural, el resto es hojalata pura y está con el tiempo se oxida.

Conversa. En el ejercicio como coach suelo encontrarme con esta constante: nos olvidamos que la calidad de la dirección de las personas depende de la calidad de las conversaciones que tengas. Quien está al frente es una persona; si, igual que tú; navegando en el mar del tiempo vital intentando dar respuesta a las mismas preguntas que tú; a pesar de las aparentes distancias. Recuerda algo, la distancia entre ser humanos es la miopía del ego; y el ego es ese muro que mientras más alto y más ancho menos nos permite ver y escuchar al otro.

Interésate por el ser humano. Este es el fondo del asunto. Lo demás no existe. Dime qué piensas sobre lo que es una persona. Cómo miras y cómo hablas.

No todo es color de rosa. Las conversaciones difíciles son las que nos cogen con la guardia baja. Nos exponen a la incertidumbre, al miedo, al error; ¿cómo toleras la falla?, ¿cómo gestionas el error? Dime, cómo te va en la mejor escuela de liderazgo, el día a día. Nos suele conducir por el sendero que hemos recorrido toda la vida; el camino labrado por las emociones, aquel que de manera automática; por una memoria grabada en los ganglios basales del cerebro se activa y deja salir, en palabras de Merce Conangla, nuestro “primitivo”; es el conocimiento de tu experiencia; es por esto que los cursos de liderazgo sirven muy poco pues riegan el terreno cognitivo en los alumnos, más no la parcela emocional que está en una  zona más profunda. Sin embargo, podemos y si somos conscientes y responsables de nuestra mejora, y en acertadas palabras de Aldous Huxley, “la experiencia no es lo que le pasa al hombre, sino lo que el hombre hace con lo que le pasa”; siempre podremos, si es nuestro llamado, nutrir con lo que necesita nuestro lado emocional, y fortalecer al igual que un músculo, a través del re aprendizaje de distintas esferas de la vida; el lado práctico, la vivencia, que empieza el cambio con la identificación de las creencias que duelen a pesar de ser corazas. Es necesario hacer.


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