Hace poco conversaba con un amigo y me contaba acerca del clima de incertidumbre y miedo que se vivían en la oficina, de cómo las relaciones con algunos directivos se habían vuelto tirantes, y fundamentalmente, cómo su desempeño había perdido eficacia, su salud se había deteriorado y el insomnio era una constante; además de que la relación con sus colaboradores directos estaba también pagando parte de la factura.

¿Qué ocurre? ¿Cómo lidiar con este tipo de situaciones?

Si coges una botella, le pones agua y arena para después agitarla, te será muy difícil ver a través del vidrio; para poder ver con claridad, deberás esperar a que cese el movimiento y la arena se acumule en la base de la botella. Lo mismo nos pasa cuando somos presa de emociones negativas, especialmente cuando son de alta intensidad y de larga duración, estas últimas llamadas emociones tónicas por Susana Bloch o estados de ánimo según diversos autores.

Cuando vivimos un estado emocional vemos el mundo del color de dicho estado: “todo se ve del color de la emoción con que se mira”; y dependiendo del tipo de estado emocional seremos más o menos diestros para hacer una mejor o peor valoración de las circunstancias, y por consiguiente desplegaremos uno u otro comportamiento que nos llevarán a determinados resultados.

Desde hace unos 20 años se viene investigando cómo la vivencia de emociones positivas como el optimismo, la gratitud, la empatía, la felicidad, nos llevan a tener desempeños de excelencia, gozar de mayor energía vital y de mejor estado de salud.

La ciencia que estudia este funcionamiento óptimo de las personas se llama Psicología Positiva y surge precisamente a partir del vacío dejado por la psicología tradicional centrada en lo que no funciona bien en las personas, por ejemplo la depresión, trastornos de conducta, trastornos de aprendizaje, fobias, entre otras situaciones. Y es que para funcionar de manera óptima no es suficiente estar en un estado emocional neutro; es más, esto no nos protege de caer en el futuro en situaciones difíciles.

Barbara Fredrickson, una de las personas que más ha contribuido al desarrollo de la psicología positiva, y que es Directora de Neurofisiología de Emociones Positivas de la Universidad de Carolina del Norte, desarrolló en el año 1998 la teoría “Broaden and Build”, que traducido sería la teoría de Ampliar y Construir; para explicar cómo las emociones positivas amplían y construyen nuestros recursos intelectuales, físicos, sociales y psicológicos permitiendo a las personas su florecimiento en todos los planos: familiar, social, laboral, en la comunidad, entre otros.

A través del coaching, las personas pueden detectar aquellas creencias, formas de pensar y de usar el lenguaje que pueden estar generando la vivencia de emociones negativas y estados que no facilitan nuestro funcionamiento óptimo. La psicología positiva, por su parte, facilita el desarrollo de hábitos a través de los cuales las personas puedan experimentar estados emocionales positivos que sean precursores de resultados de excelencia en los laboral y lo personal.

Si buscamos resultados óptimos, debemos funcionar de manera óptima y para ello es necesario estar en un estado emocional positivo. El coaching y la psicología positiva pueden ser de gran ayuda en este proceso.


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