empatiaHace unos días leía en una red social un texto que decía lo siguiente: “la empatía es dañina…empatía es identificación, cuando nos identificamos con los demás, vivimos con lo que nos identificamos. Cuando nos identificamos con las carencias y sufrimientos de los demás, terminamos viviendo esa carencia y ese sufrimiento”

Desde hace muchos años escuchamos insistentemente la importancia de ser empáticos, de ponernos en los zapatos del otro, de lo trascendente de la empatía en todo espacio de convivencia humana, laboral, amical, familiar.

La palabra empatía fue traducida por primera vez al inglés en el año 1989, literalmente significa “sentir dentro”, es como experimentar las emociones de otra persona en nuestro propio cuerpo (1). Goleman, en “Inteligencia Social” señala que la psicología utiliza la palabra empatía en tres sentidos distintos:

  • Conocer los sentimientos de otra persona
  • Sentir lo que esa persona siente
  • Responder compasivamente a la aflicción de otro

Tres “sentidos” que constituyen un llamado a la acción en pro del “otro”. Del otro que está en una orilla distinta a la tuya. Del otro que puede ser cercano o lejano. De otro ser sintiente (2) pasando por un mal momento, por una situación difícil. Me pregunto ¿No es acaso de esto precisamente que hablamos y nos alertamos como seres humanos, como especie, cuando reconocemos el dolor en el otro y no hay solidaridad? ¿No admiramos a aquellos seres humanos “enormes” que entregaron sus vidas defendiendo y luchando por derechos de los cuales ahora gozamos? ¿Qué hubiera sido de la humanidad sin estas personas?

La empatía es pues una capacidad humana grandiosa. La capacidad de sentir al otro desencadena acciones que de otra forma no nos hubieran permitido subsistir como especie en un planeta inhóspito y cambiante. Daniel Goleman, citando a Charles Darwin, quien hace más de un siglo publicó su libro “La Expresión de las Emociones en el Hombre y los Animales”, dice que la empatía es el preludio a una acción compasiva, ayuda poderosa para la supervivencia, es el lubricante para la sociabilidad. Martín Seligman (3), menciona al psicólogo británico Nick Humphrey, quien señala que la razón de haber desarrollado nuestro cerebro, el neocórtex, tiene que ver con la capacidad de solucionar problemas sociales, el cerebro grande es una máquina simuladora de relaciones, diseñado para entablar relaciones humanas armoniosas y eficaces, el ser social es la forma más exitosa de adaptación superior que se conoce, es la base del éxito del homo sapiens (3). La empatía es pues una capacidad fundamental en este proceso y es inseparable de nuestro entramado neuronal, es biológica.

En suma, desde mi punto de vista, y desde la postura evolutiva, la empatía no es un artificio dañino, es todo lo contrario. El requisito para activar nuestra empatía es prestar atención al otro, nuestro foco atencional hacia los demás es como una bujía que provoca la chispa, el preludio de la compasión humana, del altruismo.


(1) Daniel Goleman, “Inteligencia Social”, Ed. Planeta, 2006.

(2) Expresión budista para referirse a todos los seres vivos con los que compartimos nuestro planeta.

(3) Martín Seligman, “Florecer”, Ed. Océano, 2011