delgada

 

Es casi la hora del almuerzo y nos suena la tripa. Por las noches, casi de manera inconsciente picamos por aquí y por allá sobre todo si estamos preocupados o ansiosos y acumulamos los “rollos” que tanto nos fastidian cuando queremos ponernos “el pantalón” que más nos gusta, el terno para ir a la entrevista de trabajo, o quizá, en el caso de las chicas, el vestido para el matrimonio de la amiga de la universidad. Pero más allá del tema de la apariencia física, el tema de fondo es el incremente del riesgo de caer presa de problemas cardiovasculares y diabetes.

Pero ¿qué mecanismos biológicos influyen en nuestro comportamiento alimenticio? ¿Qué tanto tienen que ver el estrés físico y el psicológico? ¿Cómo podemos salir de esta situación?

En nuestro cerebro, muy en el centro, encima del tronco cerebral, existe una glándula del tamaño de una almendra; se trata del hipotálamo, glándula que, de manera muy resumida, podríamos decir que tiene dos zonas, una, el “centro del hambre”; y otra, el llamado “centro de la saciedad”. Ambas interactúan con otras regiones de la misma glándula y varias hormonas regulando nuestro comportamiento alimenticio.

El duodeno, la primera sección del intestino delgado, cada vez que recibe alimento produce un mensajero químico, CCK* que viaja al hipotálamo creando la sensación de saciedad, es por ello que los regímenes de varias comidas pequeñas al día suelen funcionar.

El colon o intestino grueso, produce el péptido YY, inhibiendo el movimiento intestinal indicando saciedad a nuestro cerebro.

En la esquina opuesta; como mensajero del hambre, está la grelina, hormona producida en el estómago y que nos abre el apetito llevándonos a desear comer.

Además, el páncreas produce insulina y el tejido graso o adiposo la leptina, ambas hormonas actúan con efectos de mayor permanencia.

La insulina controla el nivel de glucosa llevándola al tejido adiposo, hígado y a músculos para su almacenamiento, enviando además el mensaje de llenura al hipotálamo, estimulando el gasto energético.

Las células adiposas, al saciarse, generan leptina indicando ¡detente, ya no comas más! Hasta aquí todo bien, sin embargo, por factores genéticos o estrés su producción puede afectarse causando obesidad.

El estrés crónico rompe este equilibrio. Las estadísticas muestran que ¡más del 65% de las personas que padecen estrés se vuelven hiperfágicas!, es decir, comen más de lo que su cuerpo necesita generando sobrepeso y obesidad, factores que como sabemos nos predisponen a las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. Esto se debe a las hormonas producidas por el estrés, los glucocorticoides. Estas sustancias nos abren el apetito, y lo más terrible es que prefieren los carbohidratos (dulces, harinas, pastas) y por si fuera poco, bloquean la síntesis de leptina evitando la sensación de saciedad. Es el círculo vicioso del hambre. El problema es que los glucocorticoides se quedan en el sistema circulatorio por varias horas, es por ello que el estrés crónico termina creando desorden en nuestro peso y finalmente en nuestra salud.

No podemos evitar los desafíos estresantes de la vida, es parte de; pero si podemos elegir nuestra respuesta, tenemos la capacidad de autodeterminación reemplazando unos hábitos por otros. Te propongo tres formas probadas para lidiar con el estrés.

1. Gestionar los pensamientos. Todo cobra sentido dentro de ti, y esto tiene que ver con la interpretación que haces. Los pensamientos desalentadores y limitantes frenan tu creatividad y optimismo. No debes darles espacio, rétalos, cuestiónalos tal y como haces cuando alguien te hace una crítica u observación que no te gusta. Observa cómo te hablas a ti mismo. No vemos el mundo que es, vemos el mundo que somos.
2. Ejercicio físico. Es un hecho que las endorfinas, los opioides endógenos generados por la actividad física nos blindan para resistir químicamente el estrés. Además, nos provee de fortaleza y buena forma física, oportunidad de superación de retos, espacio para nuevas relaciones sociales, elementos que psicológicamente nos fortalecen y alegran la vida.
3. Diario de gratitud. Consiste en apuntar las 3 ó 5 cosas buenas del día, a mano o en un medio electrónico. Al principio puedes hacerlo diariamente y luego semanalmente, al final del día; lo importante es reconocer las cosas positivas que también te ocurren, reflexionar sobre ellas, es poner el foco atencional en lo bueno, es la ocasión para apreciar la vida. Esto tiene que ver entrenar nuestra mente, el neocórtex, regulando la tendencia defensiva del cerebro que nos tiene acostumbrados a mirar solo los elementos de riesgo o peligro creando miedo y estrés.

Te dejo con este mensaje de Oprah Winfrey, quien a pesar de una infancia y adolescencia muy duras, logró superar los obstáculos y vencer la adversidad,

“Aquello en lo que nos concentramos se expande, y cuando nos concentramos en las bondades de la vida, creamos más bondad. Las nuevas oportunidades, mis relaciones con los demás, hasta el dinero empezaron a aparecer con más frecuencia en mi camino cuando aprendí a ser agradecida en toda circunstancia de mi vida”. OW.


 

*Colecistoquinina

Imagen de Pixabay