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Mark Stenvenson dice que para innovar debe haber sexo entre ideas. Manera bastante gráfica de expresar un concepto del que se habla con mucha frecuencia, que nos es natural y que es una condición para asegurar nuestra presencia en el mercado y en un contexto laboral.

La innovación, nos dice Guillermo Bilancio, es un cuestionamiento permanente; casi como un niño buscando los por qué y los para qué; un estado que descomoditiza a la planta y al mineral, quitándole su condición de hierba y de mineral.

La innovación se da a nivel empresarial y también personal. Sí; las personas también podemos innovar en nosotros mismos, se llama reinvención. La neuroplasticidad, la incorporación de nuevos hábitos y la capacidad de soñar lo hacen posible.

Se sabe ahora que la neurogénesis, es decir, la capacidad de nuestro cerebro para producir nuevas neuronas en las cavidades cerebrales, nos permite contar a diario con 10 mil nuevas células madre, 50% de las cuales migran a las zonas del cerebro donde más se necesiten; luego de cuatro meses, dicha célula es capaz de formar unas 10 mil conexiones con otras neuronas formando nuevos circuitos; es decir, literalmente nos hacemos más inteligentes.

¿Y cómo se relaciona la innovación con las emociones? ¿Qué estados emocionales son necesarios para la innovación y la creatividad, empresarial y personal?

Es un hecho que no hay innovación sin creatividad y la creatividad solo es posible cuando nuestra mente se encuentra con un muro infranqueable y que exige el despliegue de todos nuestros recursos internos.

Creer que la creatividad es producto únicamente del hemisferio derecho es neuromitología. Si bien anatómicamente el hemisferio derecho posee interconexiones más largas, conectadas con él mismo y con la zona del cerebro límbico y el hemisferio izquierdo, este no actúa solo cuando de creatividad se trata. El momento creativo ocurre cuando las conexiones más largas del cerebro temporal y el neocórtex derecho logran interactuar con la zona izquierda e inferior obteniendo información diversa y la combinan de una manera diferente. El cerebro entero participa en el proceso.

Este proceso complejo requiere que las personas estén conectadas con su lado luminoso, es decir, “envueltos” en emociones positivas:

Curiosidad, ilusión, optimismo, confianza y entusiasmo.

La incertidumbre, el estrés, la desconfianza, al ansiedad y la tensión; todas ellas emociones negativas derivadas de una emoción principal, el miedo, propias de un entorno cambiante, o un clima organizacional empobrecido por un mal manejo directivo, deben regularse para poner en marcha los recursos internos que todos, sin excepción, disponemos.

Sabemos que Steve Jobs es uno de los íconos de la innovación y la creatividad, lo que no todos saben es que practicaba la meditación zen, técnica oriental que permite aquietar la mente llevando al practicante a un espacio de mayor claridad.

El biógrafo Walter Isaacson cita a Jobs en su libro, diciendo:

“Si te sientas a observar, verás que tan inquieta es tu mente. Si intentas calmarla, sólo será peor, pero con el tiempo sí se calma, y cuando lo hace hay lugar para escuchar las cosas más sutiles; allí es cuando tu intuición comienza a florecer y comienzas a ver las cosas más claramente y te sentirás más en el presente. Tu mente se desacelera y puede observar una gran expansión en el momento. Logras ver mucho más de lo que podías antes”

Estos resultados han sido comprobados por diversos estudios, sobre todo los realizados por Richard Davidson, director del laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, conocido por haber experimentado con monjes tibetanos como Matthieu Ricard.

Wearing a 128-channel geodesic sensor net, Buddhist monk Matthieu Ricard sits in a soundproof room and talks with Richard J. Davidson (right) before participating in an electroencephalography (EEG) test at the EEG facility in the Waisman Center at the University of Wisconsin-Madison on June 5, 2008. Ricard is a longtime participant in an ongoing research study led by Davidson that monitors a subject's brain waves during various forms of meditation including compassion meditation. Davidson is director of the Waisman Lab for Brain Imaging and Behavior (WLBIB) and the William James and Vilas Professor of Psychology and Psychiatry. ©UW-Madison University Communications 608/262-0067 Photo by: Jeff Miller Date: 06/08 File#: NIKON D3 digital frame 2849

Matthieu Ricard y Richard Davidson

Resulta que todos tenemos un “punto de ajuste emocional”, que al igual que el IQ se comporta a nivel de la población bajo una curva de campana de Gauss. Es un índice izquierda-derecha, mientras más activación del lóbulo prefrontal izquierdo, más presencia de emociones positivas; a más activación del lóbulo prefrontal derecho, más emocionalidad negativa.

Los experimentos de Davidson han demostrado que tras la práctica de la meditación de consciencia plena o mindfulness, durante solo 8 semanas es posible mover el punto de ajuste emocional hacia la izquierda, es decir, nos colocamos en una mejor posición emocional.

Se trata de evitar caer en sobrecargas de estrés, manteniéndonos en la zona de flow, concepto tomado de la psicología positiva que consiste en un “estado de autorregulación, punto de aprovechamiento máximo de las emociones al servicio del rendimiento o el aprendizaje”, que surge cuando estamos “frente a una tarea exigente y desafiante que posee metas cercanas, claras, precisas y en la que existe una retroalimentación inmediata de cómo estamos avanzando hacia ellas”. El flow es un estado de equilibrio entre las capacidades de la persona y la complejidad de la tarea.

flow

Goleman habla de la explotación y la exploración como perspectivas estratégicas. La primera se refiere a la eficacia dentro del modelo de negocio ya existente. La exploración por el contrario es direccionar el esfuerzo a la búsqueda de nuevas alternativas innovadoras. Estudios de imágenes cerebrales con directivos que basaban su estrategia en la explotación, mostraban actividad en el circuito cerebral de la anticipación y la recompensa: zona de confort. Por el contrario, los directivos orientados a la exploración, reflejaban actividad cerebral en el centro ejecutivo del cerebro y aquellos relacionados con la atención; ambos centros que se agotan con la sobrecarga mental, el estrés y la falta de sueño (les suena familiar).

En resumen, regular las emociones es un elemento central en los procesos de creatividad e innovación; ¿Cuál es tu estado emocional más frecuente? ¿Cómo regulas tus emociones? ¿Conoces tu indicador izquierda-derecha natural? Si estás en una posición de liderazgo, ¿qué puedes hacer para crear un clima de innovación?