El objetivo de este artículo es reflexionar sobre lo que está pasando. Finalmente, la verdad se abrirá camino con el tiempo inexorablemente. Vemos dos posiciones antagónicas. Dos grupos en riña, amigos en las redes sociales discutiendo sobre la superioridad de su posición, muchas veces recurriendo al insulto y calificación agazapada en las palabras y meta mensajes, cada uno recurriendo a publicaciones de diversas fuentes que sirvan para sus “propósitos” que casi siempre termina en una lucha de egos. Un conductor de radio bestializado que no tiene otra manera de decir las cosas que no sea ofendiendo y maltratando a otras personas; oyentes que le siguen y creen que es tolerable dicha actitud, mientras que otros no tardan en rechazarlo. El saldo final, un país que olvida que su sistema educativo esta quiebra desde hace muchos años, con un cuerpo docente mal remunerado, con una clara necesidad de capacitación y una infraestructura precaria, un país en el que basta con caminar por las calles o subir al transporte público para darse cuenta de la hondura del problema.

Ningún dogmatismo es buen consejero. Los dogmatismos callan, atan y enceguecen. Los dogmatismos separan, anulan a la persona que piensa, cree y siente de otra manera. El conocimiento avanza sobre un camino empedrado de dogmatismos derrumbados, no por la fuerza, sino por el mayor alcance que se origina con la búsqueda de la verdad.

La verdad es la realidad de las cosas nos dice Balmes. Es cierto, quién lo duda. La pregunta es quién tiene la agudeza para percibirla, ¡por qué no yo! dirá otra persona. A la verdad se llega por el método y el método dependerá de la realidad observada. Para conocer una enfermedad, como la diabetes por ejemplo, podré recurrir a la ciencia biológica y a la fisiología para conocerla; la experimentación nos ha permitido comprender mejor sus causas y saber qué tratamiento puede funcionar y aliviar los malestares de la enfermedad. Lo mismo ocurre con otros objetos de la realidad como el clima, las mareas, las corrientes marinas y otros fenómenos del mundo. La ciencia, aún con sus limitaciones, nos ayuda, porque como dijo Einstein, “…toda nuestra ciencia, comparada con la realidad es primitiva e infantil, y sin embargo, es lo más valioso que tenemos”.

Por otra parte, hay aspectos de la realidad cuyo desvelamiento no está tan al alcance, principalmente aquellos relacionados con la naturaleza humana; y hacia estos “objetos” debemos acercarnos con humildad, con la curiosidad de quien ama el proceso de aprender, del “ir de camino” como diría Karl Jaspers refiriéndose a la filosofía. Este proceso requiere de mentes abiertas y dispuestas al cambio derivado de la inevitabilidad propia de una sociedad con mayor amplitud de miras. La historia de la humanidad nos ha dado importantes lecciones acerca de esto.

¿Qué pasa entonces con el sexo, qué pasa con el género? ¿Qué es identidad de género, expresión de género y qué orientación sexual? y ¿Qué implicancias sociales y económicas tiene reconocer más de 2, 7 o 56 géneros distintos?

Quisiera partir de algo fundamental; no estamos hablando solo de sexo y género. Hablamos de personas y su derecho a vivir desde su creencia y sentir más profundo. Hay personas que desean y optan por la abstinencia sexual; cosa que a alguien le podría parecer antinatural. Tenemos derecho a practicar la religión que más colme nuestras necesidades espirituales o responda a aquellas preguntas más profundas de nuestro ser o a nuestros mayores miedos. Derecho a cultivar diferentes ideas políticas. Tenemos el derecho a alimentarnos solo con vegetales o comer carne. En fin, tenemos derecho mientras no enfrentemos el derecho de las demás personas y esto es fundamental en una sociedad que aspira como ideal a la paz y convivencia solidaria, único camino en mundo súper poblado, hiper comunicado y cada vez más estresado. Y aunque la ciencia haya demostrado que fumar es dañino, habrá personas que elijan fumar. A pesar de que se haya demostrado que el sobrepeso es causa de enfermedades coronarias y mayor riesgo de muerte, hay muchísimas personas que escogen diariamente mantener hábitos poco saludables; es decir, a pesar de conocer la verdad, eligen un camino que no es racional y concordante con la realidad observada y esto ocurre porque el ser humano es una realidad muy compleja. No ser conscientes de esto es desconocer en qué consiste la libertad y el derecho a decidir. Y la libertad termina cuando atropello a otros en aras de mi propia “libertad”. Es en este momento cuando surge el conflicto.

La realidad es diversa, somos diferentes pero no por ello tenemos que ser distantes. No podemos caer en la miopía de desconocer a las personas que tienen una manera diferente de sentir y experimentar su sexualidad aunque esta discrepe con su anatomía. Así como diversa, la realidad es compleja. El sexo biológico, determinado por la genitalidad, que nos dota de la capacidad reproductiva. La identidad sexual, concepto que rebasa la anatomía y la genitalidad, es producto de la conjunción entre genes, hormonas, cerebro y apariencia corporal y que responde no a una idea sino a una realidad humana. El ropaje cultural de la identidad sexual influye en la manera como esta se expresa a los demás, es lo que se conoce como expresión de género. Finalmente, la orientación sexual, responde al deseo sexual en sí mismo, es decir, a la atracción sexual per se. En la mayoría de los casos ocurre que la identidad sexual o de género “conversa” con la genitalidad; sin embargo, un porcentaje muy importante de la población funciona de una manera diferente y no hay correspondencia entre su genitalidad y su identidad sexual. Las causas habrá que buscarlas inicialmente en la biología; y cuando digo biología invito a ver más allá de los cromosomas XX o XY; de hecho algunos estudios hablan de alteraciones en algunos genes del cromosoma X que influirían en el comportamiento sexual; asimismo, es necesario entender el complejo proceso de formación del embrión humano en el útero materno sometido a diversidad de factores que pueden configurar áreas del cerebro que acunen futuros comportamientos sexuales que no concuerden con los genitales de los cuales hará gala el ser humano en formación. La identidad sexual como tal responde pues a un complejo proceso biológico; los factores psicológicos, sociales y culturales terminan dando forma a lo que de manera natural se ha constituido a lo largo de 9 meses, y por supuesto, son variables que tendrán influencia, aunque no son determinantes, como han demostrado estudios científicos al respecto; el caso más conocido es el de David “Brenda” Reimer, en donde el intento médico por “transformarlo” en niña fracasó rotundamente y que terminó con el suicido de esta persona.

Es cierto que lo cultural o su ausencia influyen, sino fuese así el “niño lobo” de Aveyron hubiese sido capaz de adaptarse y reconocer su humanidad, pero no lo pudo lograr pese a los esfuerzos posteriores por educarlo. La abstinencia sexual es un producto cultural, es una decisión basada en creencias particulares. La monogamia y la poligamia son de igual manera aceptadas o rechazadas según la cultura en la que nos desarrollemos, existen más de 40 países en donde esta última es legal. La cultura y el proceso de socialización hacen al hombre civilizado, partiendo de un “hombre biológico”.

El hombre es un animal simbólico nos dice el filósofo alemán Ernst Cassirer en su libro “¿Qué es el hombre?”; sin embargo, todo símbolo humano se construye desde su condición humana biológica, siendo nuestras decisiones fruto de nuestra capacidad neocortical, mientras que los aspectos instintivos y primarios como el sexo tienen su núcleo en zonas más profundas y antiguas del cerebro humano y por ello más difíciles de gobernar, hasta incluso imposibles de gobernar, principalmente si tienen que ver con estructuras formadas en la etapa embrionaria y conformadas evolutivamente como base al posterior desarrollo cerebral de la especie humana. Solo el avance de la ciencia, el conocimiento y el tiempo pondrán luz allí donde lo necesitamos derribando dogmas o prejuicios que lo único que crean es distancia entre las personas.

Solo si estamos dispuestos a reconocer al ser humano detrás de la identidad sexual o de género seremos capaces de entender y respetar; solo así, para empezar, aquel padre que despreció a su hijo por confesarse abiertamente gay podrá reconciliarse con él y sanar juntos sus heridas. Solo si logramos vivir la sexualidad y género (sea transgénero, transexual, cisgénero, genderqueer, homosexual o heterosexual) respetando los espacios, las formas y las creencias de los demás sin hacer mofa de símbolos religiosos o alarde en público de conductas más apropiadas para un espacio íntimo, se podrá exigir respeto y tolerancia. La convivencia pacífica será posible si evitamos caer en la miopía de género; en un lado de la balanza, y en el otro, el extremismo de género. La pregunta quizá no es si se enseña  o no, sino tal vez ¿cómo se enseñará y qué tan dispuestos estamos a aprender?