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Hola Ricardo, toma asiento por favor. Así recibía Eduardo, gerente del área de la compañía en donde desde hace 10 años trabajaba Ricardo, supervisor de marketing.

Como sabes, la compañía viene atravesando por un momento de dificultad y después de evaluarlo mucho, he tomado la difícil decisión de prescindir de tus servicios, es una situación a la que no me hubiera gustado llegar, pero como bien sabes, algunas veces tenemos que hacer cosas que no esperábamos, y en este caso, la crisis me obliga a ello.

Este es un diálogo común cuando la economía y el contexto industrial no van bien, o en momentos de crisis particulares que atraviesan las empresas.

Algunas veces los cambios los generamos nosotros mismos, y en otras ocasiones nos llegan como un meteoro que cae sorpresivamente. Recibimos el “llamado del cielo” o el “llamado del trueno” como lo plantea Pilar Jericó en su libro “Héroes Cotidianos”, citando a Techu Arranz, profesora de Coaching y PNL, para referirse a aquellos desafíos que buscamos y creamos por iniciativa propia (el llamado del cielo) o a los que tenemos que hacer frente cuando los cambios son inesperados y ocurren bruscamente (el llamado del trueno).

En mi vida laboral he recibido el “llamado del trueno” en dos ocasiones. No es fácil. Podemos sentir que la empresa o el jefe son injustos, que no nos lo merecemos y puede colarse la ira, la tristeza, pero principalmente el miedo y la preocupación. Sin embargo, esa es la nueva realidad, el nuevo contexto, y mientras más rápido la aceptemos será mejor. La aceptación no es resignación, sino más bien el punto de inicio de un nuevo comienzo, y como decía Charles Darwin, “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”.

Este cambio será más o menos difícil según distintas variables como: la edad, la formación y educación recibida, nuestra actitud ante el cambio, nuestros recursos y fortalezas, nuestros hábitos y comportamientos en suma, ser más o menos empleables (nuestro nivel de atractividad para las empresas) hacen la diferencia a la hora de afrontar un despido laboral.

En otros artículos he hablado de la resiliencia, palabra que viene del latín resilio que significa rebotar, saltar hacia arriba; tomada de la física y trasladada al mundo de las personas para referirse a la capacidad de responder a las presiones y momentos de dificultad. Lo cierto es que la mejor manera de ser resilientes, es estar preparados para ello, es decir, la metáfora de la caída del meteoro que mencionaba antes, llegará pero no nos cogerá desprevenidos.

Y por esta razón, quisiera que reflexionemos juntos sobre cuatro tipos de capital que podemos acumular a lo largo de nuestras vidas y que si no los has considerado antes, te invito a hacerlo a partir de este momento.

#01 Capital económico.- En el que siempre pensamos; tiene que ver con el dinero y los bienes que nos permiten afrontar las necesidades materiales.

#02 Capital social.- Se refiere a las personas con las que podemos contar para hacer frente y superar las crisis.

#03 Capital emocional.- Corresponde a los recursos emocionales adecuados para superar las dificultades de la vida.

#04 Capital personal.- Es el conjunto de talentos, fortalezas y buenos hábitos que hemos sabido establecer y desarrollar y que en la adversidad constituyen un punto de apoyo importante.

¿Cómo estás en cada uno de ellos? ¿Y tu capital total?

Te propongo una sencilla herramienta para valorarlos. A continuación califica con un SI o un NO cada una de las preguntas de la tabla inferior; cada SI equivale a 1 y cada NO a 0 (cero); suma los resultados para cada tipo de capital y finalmente realiza la sumatoria completa.

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Si tu resultado está entre 0 a 10; te ubicas en la zona de potencial dificultad; podría resultar muy duro atravesar una crisis laboral y deberías tomar acción de inmediato aumentando tu capital en el tipo que te haga falta. Si tu resultado está entre el 11 y 14 puntos, puedes mejorar y conseguir un mejor blindaje que el que tienes ahora. Si obtuviste entre 15 y 17 puntos, es un buen nivel, hay aspectos por corregir y deberías preguntarte ¿qué te impide hacerlo?; finalmente, alcanzar entre 18 y 20 puntos, significa que tienes una base muy sólida en la cual apoyarte para vencer las adversidades que se presenten.

Ninguna persona está libre de atravesar un despido. Lo más importante será siempre tu actitud y lo que decidas hacer para ayudarte a ti mismo y “ganar músculo” para los momentos difíciles. Las crisis pueden convertirse en oportunidades increíbles y siempre serán espacios de aprendizaje. Recuerda lo que dijo el gran poeta alemán Goethe: “el talento se educa en la calma, el carácter en la tempestad”.


Imagen gracias a Pixabay.