Resilio

Quiero empezar este artículo recordándote algo que nunca debes olvidar: eres un ganador o ganadora.

Así es, lo eres. Estás aquí y ahora producto de una carrera milagrosa.

¿Sabías que la probabilidad de que estés aquí es la misma que la de que 2 millones de personas reunidas lanzasen cada una de ellas un dado con mil billones de caras y que todas sacasen el mismo número?

Dicha probabilidad es casi cero, y la ha calculado Ali Binazir (autor de un blog de Harvard). Nuestra existencia definitivamente es un milagro, reflexiona un minuto sobre ello, creo que hacerlo es una invitación a ser agradecidos con cada minuto y cada respiro que damos.

Si nacemos ganadores como efectivamente nos muestra la biología y la evolución, me pregunto también por qué muchas personas se rinden y renuncian a sus sueños y metas o quizás las reducen dejando de vivir desde sus capacidades y talentos,  conformándose solo con hacerlo desde sus limitaciones, más aun cuando nunca, ni por un minuto han dejado de ser el milagro que los trajo hasta aquí.

Quisiera que pensemos juntos en esto, y para ello, hoy quiero compartir contigo la historia de John Wilson, extraordinario ser humano que con su ejemplo de vida nos mueve a sacar la grandeza que tenemos dentro.

En el año 1931, John Wilson, un niño de apenas 12 años entraba al salón de clases del curso de ciencias. Estaban a punto de realizar un experimento que cambiaría la vida de John para siempre. Los compañeros de clase tomaron cada uno un frasco con agua para calentarla y observar el proceso de evaporación; desafortunadamente a John le tocó un frasco con un líquido que por error el encargado del laboratorio, en un momento de distracción, había confundido con una sustancia inflamable. John siguió las instrucciones del maestro, cogió el frasco y lo acercó al mechero lo cual provocó inmediatamente una explosión que le dejo ciego para siempre.

Ante esta desgracia, los padres de John avizoraron para su hijo una vida llena de limitaciones; sin embargo, el pequeño demostraría todo lo contrario. Aprendió braille rápidamente, se convirtió en un destacado estudiante, además de deportista, orador y músico. Se graduó como abogado en Oxford. Su entusiasmo lo terminó llevando a África en donde encontró miles de casos de ceguera debido a deficiencias nutricionales y enfermedades controlables a través de vacunas como es el de la “ceguera de los ríos” lo que le motivó a fundar lo que hoy es Sight Savers International institución que ha evitado que millones de niños queden ciegos. John fue nombrado caballero en 1975, recibió el premio Hellen Keller, el Albert Schweitzer y el World Humanity Award. Murió en 1999.

John nunca se rindió, perdió la vista pero nunca la visión. Encontró su vocación en el altruismo gracias a esa fuerza y fuego interior que no se apagó a pesar de la adversidad que significa quedar ciego a tan corta edad. Muchas personas en las circunstancias de John hubieran lamentado su existencia; cuántas personas incluso en situaciones mucho menos difíciles se derrumban y desisten, o se abruman abandonando los sueños que tenían de niños, la empresa que querían formar, la carrera profesional que estaban buscando, un ascenso en la empresa, buscar nuevos horizontes, conocer a esa persona especial, superar hábitos dañinos. Pensamos en por qué me pasa a mí, y buscamos respuestas fuera de nosotros cuando la única respuesta válida está en en nuestro interior, y es encender el fuego de ese sueño que yace hoy enterrado y postergado,  es poner  en marcha la fuerza para superar la adversidad y salir fortalecidos. Esto es lo que se llama resiliencia, y todos la tenemos. Tu tiempo es ahora, tu oportunidad es hoy. El dolor que puedas sentir es la señal de cambio que estás buscando, transformar ese momento en aquello que quieres para ti, es el único sentido del dolor. Tienes dos caminos, o te rindes o decides luchar y encontrar un norte en la dificultad. Recuerda que tu vida es un milagro; cada minuto, cada día es ocasión de crear una nueva realidad, el único combustible es no dejar de soñar nunca. Ya lo decía James Allen, «Los grandes logros comenzaron como un sueño en la mente de una persona. Al igual que todo ser se encuentra en la semilla que lo engendra, el roble duerme en la bellota, el ave espera en el huevo, los sueños son las semillas de dicha realidad que espera impaciente».

Las circunstancias de la vida te ponen a prueba y la grandeza de las personas se demuestra jugando. Tu actitud, esta palabra de 7 letras que lo puede cambiar todo cuando las cosas parecen perdidas y hace la diferencia entre lograr el resultado que buscas y la resignación. En esos momentos difíciles recuerda siempre de dónde vienes, del milagro que eres y de toda la inteligencia que espera en tu interior para ser puesta a prueba. Somos nuestras ilusiones y sueños, decía Walt Disney que “un hombre que no se alimenta de sus sueños envejece pronto”, ¡¡tú nunca dejes de hacerlo!!


 

Imagen gracias a Pixabay