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Hace un tiempo, en una conocida compañía de outplacement,  me encontré con un amigo que llevaba más de cinco meses en plan de recolocación laboral. Yo empezaba aquel día.

— Hola Diego ¿cómo estás? Le pregunté.

— Muy bien Jorge, fíjate que tengo dos propuestas en firme para empezar a trabajar y la verdad aún no me decido por cual, debo conversar como mi coach, quisiera su opinión además de su asesoría en la negociación final.

— Hombre Diego ¡qué suerte! Tener dos propuestas de trabajo en esta época tan difícil, te felicito.

— ¡No Jorge!, dijo Diego sin ocultar su fastidio por lo que yo, coloquialmente, acababa de decir.

— No es suerte, ¡no sabes lo que he tenido que esforzarme para lograr conseguir estas dos alternativas de trabajo!, insistió Diego.

Las semanas fueron pasando, yo estaba viviendo mi propio proceso de transición laboral, y seguía encontrándome con Diego en los pasillos de  la compañía; finalmente, no se concretó ninguna de las propuestas que le hicieron y tuvo que esperar 6 meses más para poder reinsertarse laboralmente. Como dice la parábola de la suerte: suerte, mala suerte quién sabe.

De hecho, experimentar un despido laboral podría ser considerado por muchos como producto de la mala suerte, perder las dos oportunidades de trabajo que mencionaba mi amigo Diego de igual forma; sin embargo, cuánto de lo que nos pasa efectivamente depende de la suerte, a todo esto, ¿qué es la suerte?

Alex Rovira nos dice que la palabra suerte viene del latín sors, sortis. Sors era una especie de dado antiguo con el cual se leía el destino de la gente que, preocupada por el futuro o una decisión importante acudía a las adivinas de la época. Sortis, por otro lado, era el sorteo por el cual se premiaba a los soldados que regresaban de las campañas con un lote de tierra (de lote viene la palabra lotería), los que eran de igual tamaño, pero no de igual calidad, algunos tenían mejor ubicación, más acceso a agua o eran más fértiles, he aquí la suerte del soldado.

El psicólogo Richard Wiseman ha identificado cuatro principios que tienen en común las personas afortunadas, aquellas a las que llamamos suertudas.

#01 Maximizan las oportunidades.- Esto significa que si mantenemos un postura abierta y atenta, estaremos mentalmente aptos para detectar aquellas las ocasiones o situaciones y sepamos convertirlas en oportunidades para aquello que deseamos. Si sabemos qué estamos buscando, será más sencillo encontrar todo lo que sume a nuestro objetivo final.

#02 Son intuitivas.- La intuición tiene que ver con la interocepción, que es la capacidad de sentir nuestros órganos internos. El corazón, que no solo es un músculo que bombea sangre, tiene más de 40,000 neuronas, y mantiene comunicación constante con el cerebro en los procesos de decisión. Se han hecho experimentos que han demostrado, que las personas con una mejor interocepción toman decisiones más acertadas. Escuchemos  nuestro corazón, él sabe.

#03 Son optimistas, la profecía autocumplida.- Esperan lo mejor del futuro y se ven participando activamente en él. Esto les lleva a implicarse totalmente en esta visión y a trabajar en el presente. Albert Camus decía que “la verdadera generosidad para con el futuro, consiste en entregarlo todo al presente”.

#04 Convierten la mala suerte en buena suerte.- Finalmente, los afortunados, tienen como habilidad reelaborar las situaciones adversas, encontrando en ellas los aspectos favorables. Miran el lado positivo de las cosas; de esta manera el desgaste energético es menor y pasan luego a otra cosa.

Si estás de acuerdo con lo anterior, resulta que tenemos una enorme capacidad para crear nuestra propia suerte, de hecho Wiseman reduce el azar a solo un 10% de nuestras vidas; dejando el 90% a nuestra actitud. En definitiva, la suerte tiene sabor a tres ingredientes fundamentales: perseverancia, creatividad y resiliencia. Ya nos decía el famoso corredor de autos Niki Lauda, quien sufrió un terrible accidente en las pistas: “tú eres el motivo de casi todo lo que te sucede”; la capacidad de autodeterminación está en tus manos.


 

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