La psicología positiva tiene mucho que aportar en la etapa adolescente.

 

Entra a su habitación y azota la puerta, habla poco, se acuesta tarde y puede ser un martirio convencerle que se levante, muchas veces es cortante, te reta continuamente, la tolerancia no es su mejor carta. Así es, adivinaste, tu hijo ha dejado atrás la niñez y se ha convertido en un inflamado adolescente.

Los adolescentes nos suelen llevar muchas veces a situaciones en las que dependiendo de la actitud que tomemos el resultado será un abono o un cargo a nuestra “cuenta de relación positiva”; que quizá, en ese momento, no seamos capaces de ver con claridad, pero que sin embargo, puede afectar la relación con tu hijo en el largo plazo pasada esta etapa de su vida.

Las relaciones difíciles con adolescentes y jóvenes no son cosa nueva, Sócrates, 400 años antes de Cristo comentaba sobre este tema “nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el mayor respeto por los de mayor edad. Prefiere la charla al estudio…Los jóvenes no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y no se muerden la lengua cuando están en público…y tiranizan a sus maestros”.

Ser padres de adolescentes nos coloca en frente a un reto, en el que es una posibilidad latente convivir en conflicto, pudiendo incluso trascender el problema a la relación con la pareja por lo estresante que puede llegar a ser la situación; requiere de nosotros una mirada inteligente, la de aquel que desea aprender de esta nueva etapa, con la curiosidad de quien se acerca con amor y respeto, generando estrategias de acercamiento y comunicación, así como también nuestra propia capacidad para lidiar con el aprieto.

La palabra adolescente proviene del latín adolescens que significa “que está creciendo”; es muy importante tomar consciencia de este punto, la visión de los padres debe ser de ayuda en este proceso. El cerebro adolescente, específicamente el área de la corteza prefrontal, es inmadura; esta zona es en donde reside el centro ejecutivo de la mente, el lugar en donde se realiza la planificación, la organización, el control de los impulsos y la expresión eficaz de los sentimientos como señala Goleman; es por ello, que el rol de los padres es fundamental para la guía tolerante y comprensiva que sus hijos requieran. Es claro que pondrán a prueba tu inteligencia emocional.

La psicología positiva y la adolescencia

Sin embargo, y sin eludir esta realidad, para la psicología positiva, el que el adolescente se encuentra en tránsito hacia la madurez, es una oportunidad excepcional para el afianzamiento de las fortalezas humanas (Carmelo Vásquez y Gonzalo Hervás); esta forma “abundante” de mirar la adolescencia va de la mano con la comprensión y aceptación de que esta es una etapa potencialmente estresante por los profundos cambios orgánicos y hormonales, relaciones sociales, el surgimiento del primer amor, pensar acerca del futuro, y de quien se es y se desea ser; y sin embargo, el adolescente puede dar respuesta a estos elementos desde la aplicación de sus propias fortalezas en los espacios en los que se desenvuelven.

La psicología positiva ha demostrado de manera experimental que las emociones positivas como alegría, gratitud, simpatía y la calma, entre otras, favorecen en los adolescentes buenos resultados en la generación del compromiso con sus responsabilidades y aprendizaje, así como un mayor control sobre sus respuestas al estrés, asertividad y búsqueda de apoyo social cuando se requiere. De esta manera, la capacidad para experimentar estas emociones positivas se convierte en una fortaleza en sí misma y los padres deben fomentarla.

El coaching y los adolescentes

El proceso de coaching en adolescentes está orientado a lograr la regulación de sus desbordadas emociones, a identificar sus principales recursos y fortalezas, y a partir de ellas aumentar su seguridad, ampliar sus horizontes llevándolos a elaborar una visión de futuro, clave en las próximas decisiones que deberán tomar. Esta invitación a la reflexión en el adolescente le permite una mejor gestión de la relación consigo mismo y con sus padres, quienes es muy importante que tengan una participación activa en el proceso.

¿Qué podemos hacer?

Algunas pautas que podrías probar con tu hijo adolescente son:

  • Exige con suavidad y cuida mucho las palabras que emplees en los momentos de mayor tensión. No etiquetes. Duros con la conducta, pero suaves con la persona.
  • Que sepa en todo momento que le quieres y valoras por lo que él es, y no por lo que hace o deja de hacer.
  • No te ahorres los “te amo” por un mal manejo de tus propias emociones o como una forma de castigo.
  • Ayúdale a explorar sus recursos y fortalezas ofreciéndole espacios de crecimiento, asistiendo a programas distintos a los ofrecidos en el colegio.
  • Genera momentos de comunicación, y comparte tiempo junto a tu hijo en actividades que disfruten.
  • Fija límites, recuerda que tú eres su corteza cerebral prefrontal madura.

Ciertamente es una etapa difícil; sumemos a esto, que en muchos casos los padres están separados o divorciados, y para colocar la cereza al pastel, los padres tienen sus propios desafíos y estrés laboral; y sin embargo, creo que todo hijo se merece padres al 100%; camina hacia ese padre que tu hijo merece tener ¿qué tan cercano estás y qué tanto haces para estar más cerca cada día?

Cuida mucho la relación con tu hijo adolescente recordando siempre que te mueve el amor. Ten siempre presente que si a él o ella, por su inmadurez, le gana la brusquedad y la impulsividad, a ti deben conducirte la paciencia y la cordura; finalmente tú ya pasaste por esa etapa, te toca dar la mano ahora.


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