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El miedo es quizá una de las emociones más primitivas. Ha hecho posible nuestra subsistencia como especie hasta la actualidad protegiéndonos de diversas situaciones de riesgo. Aristóteles lo define como “la espera de un mal” (1); y funciona de manera automática, a nivel cerebral estamos programados de tal forma que el miedo evita pasar por el neocórtex porque precisamente en las circunstancias en las que experimentamos un peligro físico real debemos responder con velocidad poniendo a buen recaudo nuestra integridad. El corazón, el páncreas, el hígado, el bazo, el timo, los músculos, el sistema digestivo, el cuerpo en general se alinean con un solo objetivo: protegernos. Es la respuesta de “lucha o huida” planteada por el fisiólogo estadounidense Walter Cannon (2). En circunstancias de sobrevivencia bendito sea el miedo, emoción muy importante.

Sin embargo, han pasado varios miles de años desde que el ser humano deambulaba por la sabana africana en busca de alimentos o una cueva en la cual resguardarse exponiéndose a diversos peligros, y sin embargo, esta emoción persiste desplegando los mismos mecanismos biológicos súper exigentes que se entienden en un contexto de “lucha o huida” más no en uno laboral, social, o familiar. Un miedo en este espacio: automático, persistente y sin consciencia, desembocará en conductas limitantes convirtiéndose en un miedo tóxico; y como toda toxina nos hará daño; no solo a nivel de resultados sino también a nivel físico. Caer presa del miedo tóxico te llevará a:

 

  • Frenar la búsqueda de intereses
  • Evitar tu evolución y despliegue de habilidades y talentos
  • Dañar tu estado de salud exponiéndola a enfermedades cardiovasculares, autoinmunes (3) y debilitar tu sistema inmunológico.
  • Daño cerebral a nivel del hipocampo, centro de la memoria evocativa y el aprendizaje.

 

El miedo como emoción humana es inevitable, eso es claro y no es malo en sí mismo. Decía Mandela, “no es valiente el que no tiene miedo, sino el que sabe cómo conquistarlo”. El miedo es la contracara de aquello que más nos motiva y el ser humano “normal” tiene motivaciones, lo contrario de una persona que atraviesa por una depresión. Si nos motiva el éxito, temeremos al fracaso; si nos motiva la búsqueda de poder temeremos a la pérdida de influencia, si nos motiva la afiliación con los demás temeremos a estar solos o ser rechazados. En el mundo organizacional abunda sobre todo el estrés, que es el miedo a no poder cumplir con la demanda exigida y por otro lado, el miedo al fracaso, más si los directivos penalizan los errores de sus equipos en forma desmedida cercenando la creatividad e innovación en un mundo cada vez más exigente en estos términos.

Los antiguos cartógrafos, al terminar con un mapa solían colocar en los extremos el dibujo de dragones, indicando zona desconocida, peligrosa y si entraban en él lo hacían bajo su propio riesgo, apelaban al miedo de los navegantes. ¿Cuántos dragones hay en tu vida? Los dragones toman distintas formas, para algunos puede ser “solo es posible enamorarse una vez”, “no es posible ser independiente”, “mejor no cambio de empleo” “mejor malo conocido que bueno por conocer”. Ceñirse al miedo o a estos “dragones”, significa caminar por un territorio pequeño, limitado, rutinario, aburrido, alguien quizá piense que sea más seguro, sin embargo, la permanencia es solo una ilusión, el cambio es la constante, llegará inexorablemente. Te invito a reflexionar sobre ello con las siguientes preguntas: ¿A qué tienes miedo perder? ¿Qué deseas tanto que por miedo no te atreves hacer? ¿Qué pasaría con tu vida, hacia dónde irías si supieras que no puedes fallar? Eduardo Galeano nos recuerda que “los mapas del alma no tienen fronteras” atrévete a cuestionar tus miedos.

 


(1) “Ética a Nicómaco”

(2) Científico americano (1871 – 1945), presidente de la American Physiological Society (1914 – 1916). Célebre entre otros temas por ser pionero en el estudio del estrés y por proponer la teoría central de las emociones.

(3) Por ejemplo diabetes tipo I, artritis reumatoide, lupus.

Imagen, gracias a Pixabay.