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Narraba Schopenhauer que en las noches frías algunos erizos se juntan para darse calor mutuamente; se acercan cada vez más y más, pero como son erizos, se pinchan unos a otros; el dolor y el susto hace que se separen, pero el frío los acerca nuevamente y continúan así hasta que logran el equilibrio.
¿Nos parecemos las personas?
Por un lado nuestra sociabilidad natural, nuestra imposibilidad individual y dependencia nos conduce a la vida en sociedad, encontramos una mejor solución a nuestras necesidades en grupo. Por otra parte, la búsqueda de una identidad, de un significado por mérito propio, alimentado por la presión social que exige personas que “triunfen” destacando sobre los demás, nos empuja a querer brillar con luz propia. Postura más notoria en occidente.
Dos fuerzas en clara contraposición. Dos impulsos de cuya regulación podrá surgir el equilibrio, o en términos de este artículo, el conflicto positivo.
¿Cómo son tus percepciones sobre los demás?
Primera reunión del equipo; una cabeza y corazón poco entrenados que se enfrentan a la natural diversidad en el equipo – especialmente mental – tenderán a juzgar; comportamiento que llevado al extremo concluirá en una etiqueta que filtrará aportes y visiones de los colegas que podrían dar lugar a vías hacia la creatividad y el alto rendimiento del equipo; claro, si antes no lo ahogamos con actitudes miopes y prejuicios inútiles.
Un juicio rápido es claramente una pésima manera de iniciar una relación de equipo. Refleja una disfunción en quien lo padece que debería llevarle a meditar. Atentos entonces a las sensaciones de rechazo sobre aspectos como: edad, sexo, raza, religión, estudios y un largo etcétera.
¿Qué puedes hacer?
Objetividad y menos miedo. Objetividad para entender que somos distintos y menos miedo para aceptar la complementariedad, fuente de sinergia. Que el equipo gana si se acepta el talento basado en la diferencia.
Mi consejo, lee tus sensaciones internas; aprende a notar los cambios físicos que ocurren en ti, ¿Existe tensión muscular? ¿Cambios en el ritmo respiratorio? ¿Excesivo control del tono de voz que sabes no es natural? ¿Mirada esquiva? Respira, piensa en tu razón de estar en ese equipo. En el valor diferencial por el cual ha sido convocado. Cuestiona tu mente y actitudes con las siguientes preguntas:
Una última recomendación: humildad.

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